


El
siguiente
paso consistía en desplegar nuevas redes de
telefonía móvil de tercera
generación (3G), también conocida por UMTS (Universal
Mobile
Telecommunication System). Esta nueva tecnología,
que tras muchos años a la
expectativa por fin ha sido lanzada comercialmente, ha sido la
principal
causante de una crisis sin precedentes en el sector de las
telecomunicaciones.
El principal
retraso en el despegue de la tecnología se debió
a la falta de recursos
financieros de las operadoras, ahogadas por los excesos de
épocas pasadas y por
el pago de unas licencias de uso del espectro radio desorbitadas. Por
otro
lado, la infraestructura de red no ha estaba totalmente madura y los
terminales
no han estado disponibles a un precio razonable hasta hace poco tiempo.
En
España las licencias se concedieron en el año
2000 y el servicio no ha sido
lanzado comercialmente hasta este año. Telefónica
Móviles y Vodafone estrenaron
el UMTS en febrero, limitando su uso a PCMCIA conectadas a ordenadores
portátiles. El paso mes de mayo comenzaron el lanzamiento
comercial con
terminales móviles. Por su parte, Amena y Xfera
tardarán algo más en poner en
lanzar su producto, en septiembre la primera, y a primeros del
año que viene la
segunda.

Sin
embargo,
no hay buenos augurios para la telefonía móvil
3G, debido principalmente a: la
escasez de servicios exclusivos (excepto la videollamada y el
videomensaje), la
limitada cobertura, el elevado precio de los terminales, y el elevado
precio
por Mbyte de información descargado. Tampoco ayuda el
desconocimiento de los
usuarios, como demuestra un reciente estudio de la cadena de tiendas de
terminales móviles Phone House, el cual concluía
que únicamente un 13% de los
usuarios españoles de telefonía móvil
conoce qué es la telefonía 3G.
Pero en países
como España ha aparecido un nuevo problema aún
mayor que impide realizar un
rápido despliegue de esta nueva tecnología, que
es el movimiento contra la
instalación de estaciones y antenas de telefonía
móvil promovido por un amplio
sector de ciudadanos, que por el momento está consiguiendo
sus objetivos en
diversos puntos de la geografía española. Las
operadoras tenían previsto tener
instaladas en la actualidad alrededor de 22.000 estaciones base con su
antena,
cuando en realidad sólo hay poco más de 7.000.
Los suministradores de equipos
creen poco probable que este año se lleguen a superar las
10.000 antenas. El
número de antenas GSM desplegadas en España es de
alrededor de 28.000 y UMTS
requiere una densidad de antenas de casi el doble para ofrecer la misma
calidad
y cobertura, ya que las celdas de cobertura son mucho más
pequeñas que las de
GSM. Para solucionar el problema de los emplazamientos, alrededor del
85% de
las estaciones UMTS han sido ubicadas en los mismos emplazamientos que
estaban
siendo empleados en los sistemas GSM, si bien no es la
solución más óptima y
sigue siendo necesario conseguir nuevos emplazamientos, lo cual se ha
conseguido en una tarea no sólo lenta, sino
también costosa.
Según todo
esto, la única ventaja de esta tecnología en su
etapa inicial es que ofrece los
servicios actuales a una velocidad mayor: mientras en GPRS la velocidad
máxima
es de 50 kbps en UMTS es de 384 kbps. Pero también hay
indicios para el
optimismo pues por ejemplo la acogida de FOMA (Freedom of Mobile Multimedia
Access) de NTT
DoCoMo fue bastante tibia, pero en los últimos meses el
número de abonados a su 3G se ha disparado, contando en
estos momentos con más
de 3,6 millones de abonados. Además, también hay
que valorar como positivo la
urgente necesidad de las operadoras en poner en valor un negocio que
les ha
supuesto serias inversiones en la obtención de las
correspondientes licencias y
el despliegue de nuevas redes, y la cada vez mayor competencia entre
las
operadoras. No obstante, todo apunta a que no será hasta el
2006 cuando la
nueva tecnología adquirirá plena madurez y una
respetable masa crítica de
clientes.

