Las nuevas redes P2P basadas en
DRM (Digital Rights Management) y en novedosos modelos de negocio, como
la superdistribución, constituyen una potentísima
herramienta para la compartición y distribución
de cualquier contenido digital, tanto en el entorno del comercio
electrónico como en el corporativo.
La naturaleza de los
bienes digitales (aplicaciones software, videojuegos,
imágenes, vídeos, música, documentos,
libros electrónicos...) es muy distinta a la de los bienes
tangibles. Tradicionalmente, han existido grandes inconvenientes para
la venta de bienes digitales a través de la Red,
principalmente la alta latencia en su envío y la dificultad
de proteger los derechos de autor. No obstante, en la actualidad estas
limitaciones están prácticamente superadas. Hoy,
Internet se ha convertido para muchos tipos de empresas –como
firmas de software, productoras de cine y series,
discográficas o editoriales–, no sólo
en una herramienta de marketing empresarial y ventas de bienes
tangibles, sino también en una herramienta muy eficiente en
costes para la promoción, venta y distribución
inmediata en cualquier momento y lugar de bienes digitales. No en vano,
la Red permite reducir intermediarios y stocks, así como
eliminar los soportes físicos tipo CD o DVD, entre otras
ventajas.
Según PricewaterhouseCoopers, la
distribución física de contenidos digitales
está en pleno declive respecto a la distribución
a través de Internet de banda ancha y los servicios
móviles. El gasto mundial en canales móviles y
online alcanzó los 19.000 millones de dólares en
2005, y ascenderá a 67.000 millones en 2010, de acuerdo con
las estimaciones de la consultora. De hecho, el mercado de mayor nivel
de desarrollo, el de la distribución de música
por Internet mediante plataformas como iTunes, Napster o eMusic, supuso
el año pasado un 10% del total de la música
vendida en todo el mundo, según datos de la IFPI.
Las redes P2P (Peer-To-Peer) son, sin lugar a dudas, el medio
más eficiente para la transferencia de grandes ficheros
digitales. Los usuarios han demostrado con creces su entusiasmo por la
facilidad, velocidad, robustez y aspectos sociales de este
método de intercambio de ficheros. Sin embargo, esta
tecnología ha estado perseguida injustificadamente debido a
su universalización como medio para la
compartición gratuita e ilícita de contenidos
protegidos por derechos de autor. La industria más afectada
por la piratería a través de redes P2P ha sido la
discográfica, seguida por la cinematográfica,
aunque también ha afectado a la de los videojuegos y las
editoriales de libros. Pero es innegable, a pesar de la
polémica generada, que P2P ha sido la “killer
application” de la banda ancha.
Las redes P2P hacen uso de recursos distribuidos (capacidad de
almacenamiento, ancho de banda, contenidos, aplicaciones, ciclos de
CPU...) disponibles en máquinas con acceso a Internet y con
permisos dentro de una determinada comunidad virtual. Su gran
aplicación, la que les dio la enorme popularidad de la que
hoy disfrutan, es la distribución de contenidos, a
raíz del éxito cosechado por Napster
inicialmente, y posteriormente por KaZaA, eDonkey, Gnutella, eMule o
BitTorrent. La tecnología P2P empleada en Internet e
intranets supone, entre otras ventajas, un potente medio para el
acceso, distribución y venta de contenidos digitales; puede
ser además aplicada en el entorno de la empresa para el
intercambio de información entre los propios empleados o
entre éstos y los de otras empresas colaboradoras.
En este contexto, la tecnología DRM (Digital Rights
Management), basada en técnicas de encriptación
digital, permite gestionar la distribución de contenidos
protegidos por derechos de autor. En un entorno empresarial, DRM se
relaciona con la gestión de políticas de seguridad,
que controlan el acceso y gestión de la
información en función de los distintos perfiles
de usuario. A pesar de su complejo proceso de
estandarización y universalización, estas
tecnologías evolucionan rápidamente y en pocos
años serán imprescindibles en la infraestructura
de Internet e intranets.
La convergencia entre DRM y P2P es inevitable. DRM es el
método más eficiente y práctico para
proteger, autorizar, autenticar y conceder acceso a la
información digital sobre redes P2P. De hecho, salvaguarda
el valor económico de los contenidos digitales,
protegiéndolos de su uso no autorizado y forzando a cumplir
los términos de pago y condiciones asociadas establecidos
para su uso lícito. Además, DRM garantiza la
confidencialidad y privacidad de la información: la protege
de su uso no autorizado, domina el modo en que puede ser empleada
según los distintos niveles de autorizaciones y, si se
desea, registra cómo se usa.
Colaboración entre
nodos
La mayoría de las redes
empresariales y comerciales actuales se basan en sistemas
centralizados, los cuales se comportan bien cuando manejan audiencias
fijas que no requieren el intercambio de altos volúmenes de
datos. Estos sistemas suelen ser fáciles de gestionar, pero
cuando se pretende descargar grandes volúmenes de
información a muchos clientes, resultan lentos, costosos,
poco robustos y no escalables. No aprovechan, por ejemplo, que un mismo
servidor muy remoto pueda estar siendo objeto de acceso por dos
clientes muy cercanos entre sí.
La disponibilidad de grandes servidores
centralizados y vastos sistemas de comunicaciones dedicados a la
distribución de contenidos está cada vez
más limitada, debido a los altos costes en infraestructura y
mantenimiento que generan en las empresas y al miedo que sigue pesando
en el sector a realizar cuantiosas inversiones en inmovilizado fijo
tras el estallido de la burbuja tecnológica. Sin embargo,
los usuarios demandan ficheros multimedia de alta calidad y enormemente
pesados, y se muestran extremadamente sensibles a la
duración de la descarga.
La única arquitectura de distribución capaz de
satisfacer estas necesidades es, sin lugar a dudas, P2P (Peer-To-Peer),
donde los ordenadores clientes se ayudan entre sí,
convirtiéndose en servidores de otros clientes. Estas redes
pueden crecer indefinidamente sin necesidad de costosos recursos
centralizados: como utilizan el ancho de banda, capacidad de
almacenamiento y capacidad de procesamiento de las máquinas
que interconectan, el número de dichos recursos siempre
aumenta en proporción directa con el propio crecimiento de
la red. Para descargar un fichero a través de redes P2P, en
primer lugar, los ficheros objeto de la descarga se segmentan en
pequeñas partes para su distribución. Acto
seguido, los clientes solicitan diferentes partes al servidor o a otros
clientes y comienzan su descarga de forma concurrente para conseguir
una mayor velocidad. Entonces, esos mismos clientes se convierten en
servidores para las partes que están descargando o que
acaban de descargar. Como el mismo fichero se descarga desde
múltiples fuentes al mismo tiempo, la velocidad es mucho
mayor cuando crece el número de usuarios que lo comparten.
Dado que el ancho de banda y el número de conexiones
establecidas es limitado en cada servidor, se establece un sistema de
colas que permite que todos los clientes descarguen distintos segmentos
de forma equitativa. Una vez que el cliente disponga de todos los
trozos descargados, reconstruirá el fichero total. En ese
momento, el usuario podrá acceder al archivo descargado.
Figura
2: Distribución de contenidos basada en pares.
Hasta ahora, P2P ha sido poco contemplado a nivel comercial, debido a
las dificultades inherentes a su seguridad y
gestión. Sin embargo, en la actualidad estos problemas han
sido subsanados y ya se está aplicando para la
realización de backups automáticos de datos
críticos sin necesidad de grandes servidores de
almacenamiento centralizados (PeerStor). También es de
utilidad para la transferencia de grandes presentaciones o documentos a
varias personas (Groove), en vez de emplear para ello servidores de
e-mail centralizados encargados de enviar múltiples copias
del mismo archivo hasta llegar incluso a su saturación.
Asimismo, se emplea para la distribución segura y venta de
contenidos digitales (PeerImpact) o distribución de parches
de software (Avalanche, integrado en Windows Vista), entre otras
aplicaciones.
Esta tecnología será empleada incluso en la
propia navegación Web, como parte de las redes de
distribución de contenidos o CDN (Content Delivery Networks)
del futuro. Esta solución consiste en replicar la
información de los sitios Web en un conjunto de servidores
situados muy cerca de los usuarios finales, típicamente en
las instalaciones de los proveedores de acceso a Internet, con lo que
se consiguen disminuir los tiempos de respuesta. De este modo, por un
lado, se descongestiona la red, ya que la información es
suministrada localmente, evitando que las redes troncales se saturen;
además, mejora la rapidez de acceso al estar los servidores
de aplicaciones pesadas situados cerca de los nodos de acceso de los
clientes.
Las arquitecturas peer-to-peer con una mayor
aplicación comercial son las que siguen el modelo
híbrido, o la denominada 3G del P2P. Un modelo empleado por
aplicaciones tan populares como FastTrack, KaZaA, Grokster, Groove,
BearShare, LimeWire, Shareaza o Morpheus, y que supone que ciertos
pares de la red son seleccionados como superpares y ayudan a gestionar
el tráfico dirigido hacia otros pares. Los superpares
cambian dinámicamente a medida que lo hacen el ancho de
banda y la topología de la red, aunque también
pueden ser fijos. Cada nodo cliente mantiene sólo un
pequeño número de conexiones abiertas, siendo
cada una de ellas un superpar. Esta topología virtual tiene
el efecto de aportar escalabilidad a la red mediante la
reducción del número de nodos involucrados en el
encaminamiento y manejo de los mensajes de búsqueda y
control de la identidad de los usuarios, así como la
disminución del volumen de tráfico entre ellos,
en comparación con los entornos P2P puros (2G). De esta
forma, la velocidad de respuesta a las solicitudes dentro de este
entorno P2P descentralizado es comparable a la de un entorno P2P
centralizado (1G), aunque más escalable y tolerante a fallos.
Figura
2: Distintas arquitecturas P2P.
Modelos de negocio
Las
aplicaciones P2P nacieron como herramientas para que los usuarios
compartiesen gratuitamente archivos entre sí. A nadie se le
escapa que la intención original de sus creadores no era
otra que conseguir notoriedad, pero, a medida que empezaron a ganar
popularidad, las empresas que lo utilizaron evolucionaron hacia alguno
de estos tres modelos de negocio: ofrecer publicidad remunerada de
otras empresas, aceptar donaciones gratuitas de los usuarios, o extraer
y vender datos de los usuarios. El cambio legislativo que
está teniendo lugar en torno a P2P a nivel mundial, al
considerar a estos programas responsables del intercambio
ilícito de contenidos protegidos por derechos de autor, ha
supuesto que sólo el modelo de negocio de ofrecer publicidad
haya podido sobrevivir, aunque con más limitaciones sobre el
uso del contenido que las que tenía tradicionalmente.
P2P ha tenido un éxito sin precedentes porque ha convertido
a los propios usuarios en servidores de contenidos, dándoles
de forma casi transparente para ellos un papel mucho más
amplio del que hasta entonces habían tenido como simples
consumidores de información. Una filosofía
posible gracias a la universalización de la banda ancha y a
la bajada de los costes de producción y
distribución de contenidos digitales, y acorde a las nuevas
comunidades de sociales de la denominada Web 2.0, como MySpace o
YouTube. Estas Webs sociales han confiado en la publicidad online,
cuyas inversiones no paran de crecer. Internet en España ya
representa aproximadamente el 2% de la publicidad, aún muy
lejos de la televisión, la radio o la prensa, y se espera
que alcance el 5% en 2010. Sin embargo, en Estados Unidos es ya el
tercer medio por volumen de negocio, superando a la prensa escrita y
muy cerca de la radio. En Reino Unido, Internet está
siguiendo la misma evolución que en Estados Unidos y
concentra el 9% del negocio de la publicidad, mientras que en Alemania
ya ha llegado al 7%. Compañías como Google o
Yahoo! viven desde hace tiempo básicamente de la publicidad
y sus beneficios no paran de crecer a unos ritmos de
vértigo.
Sin embargo, el modelo de negocio que
más éxito tendrá sobre las redes P2P
con DRM es el de la superdistribución,
que es integrable tanto en los sistemas de pago de una
cuantía fija por contenido como en los de
suscripción. Mientras que los vendedores de bienes digitales
deben realizar grandes gastos en campañas de marketing para
atraer a los consumidores, la superdistribución es un caso
específico de marketing one-to-one que permite que sean los
propios consumidores los que se encarguen de la publicidad,
distribución y venta de los bienes digitales. La mejor
estrategia de marketing es, sin lugar a dudas, provocar el
“boca a boca” (marketing viral), una
técnica muy eficiente y efectiva pero difícil de
dominar, en la que hay casos exitosos como el de los comienzos de
Google o Skype. El marketing one-to-one se caracteriza por el bajo
coste, interactividad, personalización y el inmejorable
grado de atención que pone el consumidor ante una persona
generalmente de total confianza, algo cada vez más
importante dado el enorme “ruido” publicitario
existente hoy en día en todos los medios y soportes.
En
realidad, la superdistribución ha estado inherente desde
hace años en las redes P2P; la diferencia es que ahora se le
incorporan sistemas DRM que permiten controlar la
distribución de los contenidos, así como
compensar a los distintos participantes de la cadena de valor,
incluidos los propios usuarios. Aunque los consumidores pueden
compartir activos protegidos con DRM, cada receptor debe disponer de
una licencia independiente para poder reproducirlos. El software P2P
con capacidades de DRM se encarga de recompensar
automáticamente al usuario que fomenta la venta, a
través de descuentos en otros productos o una
remuneración en su cuenta personal. De este modo, el
comprador del bien digital ve la película, escucha la
música de alta calidad, lee el periódico o
revista, y si le parece interesante, decide pasársela a
otros amigos, de modo que si estos deciden pagar la licencia,
recibirá una recompensa.
DRM también gestiona el tipo de licencia que debe asignarse
al nuevo consumidor, dependiendo del uso que vaya a hacer del
contenido. En este nuevo escenario podría llegar a
plantearse la desaparición del canon, dado que la
retribución vendría por el modelo de compra/venta
de los contenidos y no sería necesaria la
compensación por copia privada. Mediante DRM se pueden
aplicar diferentes tipos de restricciones sobre el contenido, como
abrir el fichero en un solo computador o dispositivo
electrónico, abrir el fichero un número limitado
de veces, o permitir que el fichero sea abierto por un tiempo
determinado. PeerImpact es un excelente ejemplo de una plataforma que
permite realizar superdistribución de sus productos
digitales, entre los que se encuentran ficheros de música y
películas.
Figura
3: PeerImpact y Office Groove.
La distribución controlada de contenidos protegidos por
derechos de autor es perfectamente compatible con contenidos de libre
distribución y con el copyleft. En este caso, los contenidos
pueden ser financiados a través de la publicidad e incluso
es posible fomentar la creatividad compartiendo los ingresos con los
productores de los contenidos más demandados, siguiendo la
iniciativa de comunidades de descarga de artículos como
Scoopt, de fotografías como SpyMedia, o de vídeos
como MetaCafe, Revver, SeeMeTV, o Break.com.
La superdistribución permite
también la creación
de comunidades en el seno de una empresa, facilitando el
intercambio seguro de archivos de forma descentralizada. Las empresas
tienen una necesidad cada vez mayor de publicar eficientemente,
proteger y distribuir grandes ficheros tales como vídeos de
formación, presentaciones con nuevos lanzamientos de
productos, listas de precios y otras herramientas de
comunicación a los empleados, empresas colaboradoras y
clientes sin complicados costes de integración o molestias
para los usuarios. La plataforma de DigitalContainers permite ofrecer,
además de comercio electrónico, este tipo de
aplicaciones.
Este modelo sería también muy útil
para el intercambio controlado de información en comunidades
profesionales, como centros de investigación, universidades
o empresas, de modo que los distintos investigadores puedan
beneficiarse del intercambio de información de forma
rápida y descentralizada, poniendo en contacto a los
diferentes participantes en tiempo real. Asimismo, también
es un modelo que permite el arrendamiento por parte de organismos y
empresas de capacidades de procesamiento o almacenamiento ociosas de
las computadoras de usuarios particulares, pudiendo ser remunerados por
ello.